Publicado en la REVISTA EDUCARTE Nº 20. 1er semestre 2000.-
Páginas 25 a 34.

LOS FUNDADORES VISTOS DESDE EL SUR.

Salomón Azar
Consejero CLEA
E.mail: saloazar@adinet.com.uy

La tarea de recoger en un solo trabajo, la labor de los pioneros de la Educación por el Arte, es ambiciosa, también ardua.

El presente trabajo sólo pretende un acercamiento a estas figuras que, en su momento, aportaron lo suyo, para que hoy, proyectemos el movimiento hacia un futuro promisorio.

Comencemos por Chile.

Nos dice Francisca Iriarte, si bien existen movimientos a favor de la Educación Estética desde 1871, en 1912, en el Congreso Nacional de Enseñanza Secundaria, se concluía que: “El arte, regenerador del pueblo, llegará hasta los humildes, a través del colegio, que debe ser modelo e inspiración de belleza”. (sic)

“Enseñemos al niño lo que es bello, proporcionémosle encanto en lo que mira, aún en sus juegos, hagámoslo desear ardientemente que la belleza resplandezca en los objetos usuales, y él será el maestro de la familia y el transformador de su triste vivienda en un hogar risueño”.(sic)

En este Congreso Luis Galdames tiene una actuación prominente. También en este proceso la profesora Luisa Salinas, Viajera incansable tiene un aporte importante, concretado seguramente en los decretos de 1928 y 1929 y los Acuerdos de la Asamblea de Directores y Rectores de establecimientos de Educación Secundaria de agosto y setiembre de 1930 en el cual expresan: “la educación debe procurar enseñarle al niño verdadero, dándole capacidad para encontrarlo por sí mismo y debe enseñarle a conocer, amar y practicar lo que es bueno y, por último, debe capacitarlo para descubrir y apreciar lo que es bello, si es posible para realizarlo. He aquí los fundamentos de la educación moral, intelectual y estética...” es así que: “la educación estética desarrollará en el niño todas las fuerzas espirituales que los habilitan para comprender, sentir y amar lo bello, tanto en la naturaleza como en las obras ejecutadas por el hombre...” (1).

Estaban echadas las raíces de la Educación por el Arte.

Errázuriz (8) nos habla sobre el visionario aporte de JUAN FRANCISCO GONZALEZ, artista reconocido como uno de los pintores más importantes y prolíficos de la historia de la pintura chilena.

Dice González: (1906) Todos los pueblos se preparan más o menos diligentemente a la vida del trabajo que será la vida de la producción industrial, para la que necesitamos un gran acopio de conocimiento científico y asimismo una gran suma de gimnasia artística...
Sigue: Como se sabe, mirar no es sinónimo de ver, es solamente la educación por el arte la que puede cultivar nuestro ojo, a fin de saber apreciar lo que cae bajo nuestra mirada.
Es con este hombre que el término Educación por el Arte aparece por primera vez en una publicación chilena. “La relevancia de este antecedente radica en que González, visionariamente, se adelanta a los que más tarde (será) una tendencia internacional”.

Nuestro viaje imaginario, ahora se detiene en Argentina.

Visualizamos ahora a Javier Villafañe, que nace en junio de 1909. Titiritero, poeta, creador.

Existe una constante en nuestros pioneros y es una asistencia a la escuela primaria irregular y con recuerdos poco agradables.

Es su obra como titiritero que nos permite reconocer al personaje.

Javier, inquieto, resuelve un día salir a los caminos; una carreta: “La Andariega”, un caballo, un perro. Corría octubre de 1935, pero su proyecto había comenzado dos años antes.

En esta aventura colaboran diversos poetas, pintores, amigos. Cuenta: “Yo cierro los ojos y veo la yegua –La Guincha- que tiraba de la carreta en 1935. Ve a La Andariega, cubierta de viejas lonas, zurcidas y enceradas para protegerla de la lluvia, muy común en esa época del año. El escenario lo armábamos en la parte de atrás de la carreta, y de noche la iluminábamos con faroles con queroseno colgados de las ramas de los árboles. Tenían un telón rojo que jugaba con el viento y una veleta, “El gallo Pinto”... nos parábamos en las esquinas. Yo abría el telón con las manos. Dejaba sonar la música del organito...”

Recorre todos los caminos de su patria, pueblos y ciudades.

En sus actos realiza funciones en los cuales reúne a los niños del lugar deleitándolo con Maese Trotamundo, el personaje que lo acompañará el resto de su vida.

Luego de estas funciones, los niños escuchan a Javier, ven sus títeres y naturalmente los va introduciendo en el mundo de la pintura, donde también cuentan sus historias.

Una vida que hasta hoy sigue, brindando generosamente su creatividad, su mundo mágico.

Incansable viajero, conoce en el transitar de los caminos a fecundos personajes, hombres y mujeres que crean historia y Javier los va integrando a su obra.

Por esos años y recorriendo el litoral Argentino, conoce a las hermanas Cossettini.

Recuerda Olga Cossettini:

“Cierta mañana del año 1938, llegó a nuestra escuela un titiritero. Aquella mañana fue una enorme campana de cristal repitiendo: ¡Títeres! ¡Títeres!. Javier se llama el titiritero. Es Javier Villafañe, el de La Andariega”.

Agrega Leticia Cossettini:

“Con Javier Villafañe nos unía una gran amistad, que se inició precisamente en el 38. A veces llegaba de sorpresa con su humor, sus cuentos, sus poemas y sus títeres, era muy imaginativo. El enseñó a los chicos a modelar los primeros muñecos para nuestro teatrito, que más tarde se llamó Javier Villafañe. También presenció nuestra actividad educativa, se interesaba en todo, en plástica, en teatro, en las danzas, la música, la poesía, en los viejos romances españoles y en casi toda la actividad expresiva de nuestros niños”.

“Un día de lluvia (cuenta Javier), dos chicos jugaban adentro de una casa de campo. Se habían llevado tierra en una caja y plumas. Les pregunté: ¿Qué hacen? Y me contestaron: “Plantamos plumas para que crezcan pájaros”.

Dice Pablo Medina, investigador de la obra de Villafañe: “Así va gestando su universo creativo. Su ámbito ha sido el mundo. No desaprovechó nada. Todo lo preservó. Es un alquimista que fusiona elementos para producir pociones mágicas...” (2).

Veamos algunas muestras de su producción:

CARAS

Recuerdo unas caras de niño
que entonces cazaban justo en mi cuello;
una cara de adolescente
- que también era mía -; la recuerdo
una tarde cuando el mar
devolvía a la playa unos restos
queridos (Esos labios,
esa lengua comida por los peces).
Recuerdo unas caras juntándose a mis caras.
(Oh amantes, oh dicha que nos presentó
el amor, tan amadas algunas).
En un álbum con fotografías
hay otras caras que también usé
y no puedo precisar
cuándo anduve con ellas.
Veo millares de caras, todas mías,
veo infinitos ojos que me miran
entre maletas, sillas y botellas.

ESTE ES MI CUERPO

Este es mi cuerpo que creció conmigo;
éstos son mis brazos,
mi saliva, mi lengua
(y me muerdo mi lengua con los dientes);
ésta es mi boca,
y escucho unas palabras que construye mi boca.

Digo: bosque, perro, hembra,
arroz, sombrero, pulga, humo.
Me sube un árbol por la espalda;
siento sus ramas en la tierra que piso,
oigo su sombra,
su piel seca derramada
como un tambor desparramándose.
Todo mi cuerpo totalmente mío;
nadie puede impedirme que lo preste
o que huya con él,
que lo tienda en la hierba o en un lecho,
o lo cubra, si quiero, con tatuajes.

Saltamos a Brasil, donde reconocemos como hombre precursor de la Educación por el Arte a Augusto Rodrigues. Nace en Recife en 1913. Hijo de familia acomodada, era un muchacho suelto por las calles y ríos de su ciudad, jugando con la chiquilinada de su propio grupo social, pero además con los niños de zonas necesitadas, los llamados niños de la calle.

Augusto, paralelamente a su trabajo de educador, desarrolló toda una obra de calidad plástica indiscutible en las más variadas vertientes: caricaturista, artista gráfico, pintor.

También se considera su obra como periodista y poeta.

Un artista-educador, comprometido con la libertad, atento a su tiempo y a su espacio, relacionado con los niños y al servicio de ellos.

El interés por los niños ya comienza en 1933-35, cuando trabajando en la prensa, dirige una página infantil donde procuraba estimular a los niños por medio de pinturas y correspondencia.

Durante los años 40, Augusto tiene un encuentro con Javier Villafañe en sus andanzas por Latinoamérica. Varios textos relatan que la experiencia de las Escolinhas do Arte, que más tarde fundara, tiene grandes influencias de este argentino soñador.

Pero dejemos a que Augusto Rodríguez hable por sí mismo en cuanto a su creación en el terreno pedagógico.

Estas palabras son tomadas en las entrevistas que mantuvimos con él en el año 84 en Río de Janeiro y en el 86 en Bahía.

Relata: “Yo trabajé con un grupo y fundamos la escuela, la Escolinha, con artistas que percibían que el niño tenía carencias en su medio de expresión, empobrecida su capacidad de crear, de hacer, y el hombre se hace haciendo. Así los artistas pensaron en fundar la Escolinha. También vinieron algunos educadores, profesores que había que seleccionar para los que estaban insatisfechos de la educación dominante.

Después se hizo una ley, en la cual se introdujo las actividades artísticas en la escuela.

Los profesores deseaban, en general, una transformación, un cambio para entender esa cosa parecida a la belleza.

Ellos se sentían afectados por la experiencia en la escuela tradicional, entonces venían a la Escolinha que creamos, para reencontrar el paraíso perdido, para vivir una experiencia nueva, para verse nuevamente proyectado en el papel, o en la expresión corporal. Ver que proyectaba su imagen interior y podía verse, él podía verse, asistir a su propio crecimiento, casi diría ver su propio nacimiento”. (5)

Así Augusto Rodríguez funda su movimiento de “Escolinhas de Arte”. Justo es destacar que la creación de las Escolinhas, no es sólo un esfuerzo de Augusto Rodríguez, sino de un grupo de artistas, psiquiatras y otros profesionales.

“No era la idea de crear una escuela de arte. Queríamos apenas ver cómo se desarrollaban algunos niños dentro de la posibilidad de experimentar libremente las técnicas de arte. La escuela surgió después, del interés enorme de los niños, que afluían cada vez más numerosos y bienvenidos siempre”.

“Estaba muy preocupado en liberar al niño por medio del dibujo y la pintura. Comencé a ver que el problema no era ése, era un problema mucho mayor, era ver al niño en su aspecto global, al niño en la relación profesor – alumno, observar su comportamiento, estimularlos para que ellos pudieran, a través de estas actividades tener un comportamiento más creativo y armonioso”. (6)

Los objetivos de las Escolinhas eran:

1) Atender las necesidades vitales de expresión.

2) Desarrollar la sensibilidad estética.

3) Integrar y adaptarse a la vida por el proceso de percepción, expresión, comunicación.

4) Recurso natural y espontáneo de la cultura, por el afinamiento de las capacidades perceptivas.

5) Desarrollar la creatividad por el ejercicio de ella.

6) Autodeterminación y autoconfianza para las actividades de investigación y realización, libre de imposiciones y padrones. (6)

Nos dice en nuestra entrevista en Río: “Porque alguien crece con sabiduría respeta a la otra, y también aplastada por las plantas grandes, se ingenia para buscar el sol, ¿Y nosotros no hacemos eso?, sino otra cosa, buscar el sol y eso nos permita, ser un ser vivo y no un ser atrofiado por la prepotencia de los que quieren matarnos antes de nacer”. (5)

Tal su pensamiento.

Nuestro viaje imaginario recala en Asunción, Paraguay. Augusto Rodríguez tiene ahí también un papel preponderante: “pretendí extender el movimiento a otros países de América Latina. Yo pensé en una país de este continente para empezar un proceso de acercamiento y de unión. El primer país que pensé fue Paraguay, ¿Quieren saber por qué?, Yo se los digo: era como una provocación, un país pobre de América Latina que, de repente, puede tener voz y lograr en un Congreso Internacional decir su verdad”. (5)

Olga Blinder, educadora, artista plástica es la que aparece en ese momento, tomando la bandera de la Educación por el Arte, desarrollándola.

“La orientación que debe darse a la educación por el arte, es una gran comprensión por el niño, sus problemas y su expresión natural, la infantil; siendo cada uno de los niños un centro de atención alrededor del cual se aplican los conocimientos del caso, para ayudarlos en sus necesidades, pero comprendiendo claramente que ayudar significa arreglarles los dibujos, ni hacerlos. Ayudar es alentarlos para que los hagan solos..., mostrarles en el mundo que los rodea cuantas cosas bellas hay y enseñarles a ver y gozar de las cosas sencillas y hermosas de la naturaleza y reflejarlas en sus pinturas, de acuerdo a su edad y a su manera de ser”. (Olga Blinder, 1960)(6)

Finalmente nuestro viaje finaliza en Uruguay.

La figura que visualizamos es la de Jesualdo Sosa.

Nace en Tacuarembó, Uruguay, en 1905.

Poeta, historiador, novelista, periodista. Su obra mayor se encuentra en el terreno pedagógico; unió acción y reflexión como maestro rural.

Conocí a Jesualdo alrededor de los años 70, en Montevideo; vivía con su última compañera, Carmen Portela, fina grabadora. Lo recuerdo en medio de su enorme biblioteca, su escritorio de roble y una lámpara sobre la que iluminaba su entorno y que lo hacía con su apariencia, centro vital de ese lugar.

Posteriormente algunos encuentros, esporádicos, en la calle, caminando entre a gente y donde en ese conjunto, aún sin conocerlo, su personalidad era destacada. Alto, delgado, ojos vivaces, aunque serio, de juicios rotundos.

Transmitía la sensación que dentro de él, existía un gran mundo.

Luego supe de su muerte, había dejado un gran vacío.

Jesualdo, al igual que Javier Villafañe y Augusto Rodríguez, tiene una vivencia de escuela primaria no grata. Su vida de maestro es azarosa y problemática. Observado, advertido, reprimido, generalmente termina en sumarios.

Es así que resuelve trasladarse al interior del país, para concretar su experiencia que es recordada como “Cantera de Riachuelo”, lugar donde se concretó, en el Depto. de Colonia.

Año 1933.

El lugar. Una cantera de granito, habitada por emigrantes de todas partes del mundo, pero en especial por búlgaros y rusos.

“Cuando me cruzo con ellos, me clavan el puñal con su mirada desconfiada y al enfrentarse a mí, aúllan más que un saludo, una protesta”.

Fino observador señala: “Las casitas, distribuidas con la regularidad de las colmenas, albergaban tres o cuatro obreros, cada una, las que hacen de una piecita de tres metros por cuatro, sala de baile, comedor, cuarto, cocina y aún más”.

“De los ranchos sale al amanecer humo mal oliente y pesado, y abundantes chiquilines de ojos lacrimosos y tez paliducha...”

Escribe a María Cristina, a fines de 1933: “Muchos remiendos multicolores. Muchos hombres barbudos. Muchos niños rotosos. Los hombres cruzan con la miseria debajo del brazo rumbo a la costa. Menos mal que Dios sembró de peces el río y de achicoria el bosque, menos mal”.

La escuela: galpón de paredes y techo de zinc. Caliente al extremo. Frío, tremendamente frío en invierno. Cuando llueve el golpeteo del agua en el zinc era un verdadero tormento.

Es en este entorno que se produce el milagro: crea una escuela de la vida, integrada a su medio. Donde la metodología es el interés del niño. Una escuela donde el aula, es el bosque, el río, el entorno natural, donde pintan, bailan, escriben, investigan.

Finalizando, quisiera leer una frase que encierra los conceptos pedagógicos de su experiencia:

“Todos tienen. Y no hay nadie que no pueda tener lo suyo si no se lo quitan. Y nada de lo que cada uno tiene es del otro, aunque se haya elaborado en el sueño de los demás. E igualmente puede ser original en los dos. Tanto que hasta parezca sin parentesco. Y todos tienen. Y cuando alguien no usa lo que tiene, hay que desenterrárselo, mostrárselo y dárselo a comer de nuevo. Y entonces será suyo. Y nadie se lo podrá quitar más nunca. Y será su mejor arma, su mejor instrumento para ser. Y con él irá a la guerra, aunque más no sea para defender su propio instrumento. Y será en su sociedad; el que tiene, el que dice, el que puede. Y será más útil, más consciente, más dueño de sí, menos dominado. Y nunca será explotado. Y habrá ganado su mundo. Y ayudará a construir el mundo de los demás, que es parecido al suyo, que es como el suyo, pero que no es el suyo, es el de ellos. Y cada uno, en un mundo de iguales – no de prestados, ni vendidos, ni alquilados, ni mentidos, ni encadenados -, en un mundo de iguales, tendrá su mundo propio, intransferible, insobornable, original, vivo, activo, definitivo... al servicio de los demás”. (7)

Volvamos a la Argentina.

Otra experiencia contemporánea a la de Javier Villafañe es la de las hermanas Cossettini: Olga y Leticia. La Escuela Serena.

Entre 1935 y 1950 en Rosario, estas famosas pedagogas crean una “escuela que aspiraba a formar seres armoniosos, fomentando el crecimiento con un entrenamiento unificado de los sentidos para la actividad de vivir y pensar. Aún con programas oficiales, las materias perdían sus artificiosos contornos y se lograba una actividad constructiva y creadora. Se cultivaban todas las funciones mentales en armoniosa conjunción, desarrollando cualidades fundamentales de penetración y sensibilidad en todas las materias. Se le daba al niño oportunidad de manifestar sus ideas, investigar, preguntar y realizar sus experiencias en una actividad disciplinada en la cual las propias dotes del maestro desempeñaban un papel de gran importancia. El maestro era una presencia cálida y alerta que propiciaba la creatividad”. (3)

Leticia Cossettini relata se experiencia: “Era un trascender a la gente común de la calle que vuelve de su trabajo, ven en una esquina a un grupo de chicos, con pancartas y mesas que están informando de algo y se detienen a escuchar. Era un lenguaje sencillo entre personas que conversan, que preguntan, porque no entienden o quieren saber. Estas salidas se terminaban en algo estético o canto o danza o una función de títeres. Se hacían en esquinas apartadas o plazas, de manera tal que era una comunicación permanente de pueblo, de escuela y de chicos, una cosa muy hermosa, no fue jamás una escuela cerrada, porque no lo eran sus maestros”.

“La vida son muchas puertas abiertas, muchas posibilidades, muchos lenguajes, muchos caminos que conducen a un noble fin”.

“En cuanto a la idea americanista, estaba en todo el qué hacer que conectaba al niño con el conocimiento de los hombres, de todas partes de América, su vida, sus esfuerzos, sus cantos, sus leyendas, sus conflictos, aquellos por supuesto que podían absorber los niños”.

“En cuanto al cooperativismo era aplicado de una manera esencial, porque primó la idea de la solidaridad, un cooperativismo que esencialmente descuide o lleve a un segundo plano la falta de solidaridad, es un cooperativismo peligrosísimo en la escuela; lo que hay que crear en el niño es ese sentimiento solidario que lo hace acercar a todos los pequeños problemas que él, en el círculo de su vida, de su medio, de su barrio, de su familia y más allá, él puede ayudar, de pequeña manera, de sencilla manera, puede ayudar a los demás a resolver sus problemas”.

“En cualquier país del mundo un gobierno, únicamente con una idea de respeto por la libertad, así en términos totales, magníficos, puede respetar a un maestro que estimula el libre pensamiento, la reflexión, la justa medida, en lo que hace y en lo que estudia, solamente un gobierno que ame la libertad en esos términos, puede respetar una escuela de este tipo”. (4)

BIBLIOGRAFIA.

(1) Revista de Investigaciones Estéticas Nº 7. Instituto de Investigaciones Estéticas. PUC de Chile. Francisca Iriarte: Una mirada hacia nuestra Educación Artístico – Plástica a nivel escolar. Chile.
(2) Antología Javier Villafañe. Argentina.
(3) Arte y creatividad. Beatriz Vettori. Argentina.
(4) Video: La Escuela Serena, IRICE. Rosario. Argentina.
(5) Entrevista de Salomón Azar a Augusto Rodríguez.
Río de Janeiro, Bahía. 1984 – 1986.
(6) Escolinha de Arte do Brasil – INEP.
(7) Antecedentes de mi pedagogía de la Expresión: Jesualdo Sosa.
(8) Historia de un área marginal: Luis Hernán Errázuriz.
Ediciones Universidad Católica de Chile.

NOTA: si Ud., va a citar este artículo le rogamos hacer referencia a la fuente.
Fuente: REVISTA EDUCARTE Nº 20. 1er semestre 2000. Págs. 25 a 34.


 


Sociedad Chilena de Educación por el Arte
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