Publicado en REVISTA EDUCARTE N° 30, 1er semestre
2005.
LA MIRADA EN EL SUELO
Milan ivelic
Director Museo Nacional de Bellas Artes. Chile.
¿Qué quiero decir con este
título?
Quiero decir que la sociedad no levanta cabeza, en la doble
acepción de “cabeza gacha” y “marcar
el paso”.
Al no mirar, el mundo pareciera detenido, inmóvil,
congelado; lo que equivale a pensar y hacer siempre lo mismo.
Al estar con la cabeza gacha, no hay posibilidad de crear
escenarios y escenas renovadas o nuevas, porque la mirada
al estar tan limitada no genera campo proyectivo, no tiene
adonde dirigirse, carece de horizonte de ampliación.
Queda entonces aprisionada, marcando el paso.
Una cita de Roberto Matta contribuye a comprender mejor
lo que acabo de decir: “Se vive en un mundo impuesto
o en un mundo sentido. Este mundo impuesto es una jaula;
el mundo sentido es la aventura”.
En un encuentro sobre la cultura manifesté mi malestar,
mi acentuado desasosiego respecto a nuestro país.
Hoy, reitero mi malestar y lo sintetizo:
¿Tenemos la educación que queremos?
Siento que no se puede hablar de la educación si
no la situamos en su estrecha relación con la sociedad
en su conjunto, con los niños y jóvenes que
la reciben, con los agentes que la movilizan o inmovilizan,
llámense políticos, economistas o pedagogos;
con su vinculación con la cultura, de la que recibe
– se supone – orientaciones valóricas
y contenidos intelectuales, éticos y estéticos,
símbolos y signos de pertenencia y de persistencia
históricos.
Me interesa el aquí y ahora. Los invito a reflexionar
juntos en la realidad en la que nos encontramos a través
de un pensamiento crítico, es decir, poner en tensión
– en crisis- el estado actual de la educación
en nuestro país.
Estamos inmersos en un acentuado predominio de la economía,
como si se tratara de un trascendental del ser, omnipresente
y omnipotente. Asistimos, en consecuencia, a un protagonismo
mercantil que rebasa los límites propios de ser un
medio, para invadir fines que no le corresponden: ingresa
a la educación, a la cultura pare envolverlas en
su propia atmósfera economicista.
En estas circunstancias, nos vemos arrastrados y atrapados
en una escalada hedonista, individualista y consumista que
bloquea cualquiera otra expectativa. La erosión de
la categoría persona humana está dando paso
a una nueva categoría: la de consumidor.
En la era del pancapitalismo, el problema principal ya
no es el de la producción. Estamos pasando de una
economía de la necesidad a una economía del
deseo, lo que ha obligado a las empresas a desarrollar estrategias
más estimuladoras para generar artificialmente, deseos
de consumir productos que no se necesitan.
¿Qué ha pasado con el arte – las artes
visuales – con este panorama tan cambiado?
La historia del arte ya no actúa sobre terrenos
firmes dominados por categorías universales establecidas
de antemano. Intentar hoy definir el arte exige ingresar
a territorios muy heterogéneos, maleables, abiertos
a múltiples interpretaciones.
El arte es hoy, a mi juicio, un ejercicio o práctica
crítica que invita a un cambio de mentalidad. Invita
a abrir ojos y mentes una nueva forma de pensar, ver y hacer
las cosas.
Duchamp es aquí el gran transgresor ... Reaccionó
contra la pereza mental, el conformismo o la comodidad social.
Proclamó un discurso de resistencia contra la inmovilidad
del pensamiento. Buscó intensamente la libertad,
decir no donde los demás dicen sí y decir
sí donde los demás dicen no.
Creo que el legado que nos ha dejado Duchamp es preparar
la mente para cosas impensadas ¡Qué mejor objetivo
para la educación!
Miremos más de cerca nuestra propia realidad nacional.
Qué duda cabe que la fisonomía de Chile se
ha transformado en las dos últimas décadas:
- Autopistas para la circulación vehicular
- Autopistas electrónicas: e mail e internet
El teclado y la pantalla eliminan la realidad por la apariencia.
Ya lo habían hecho la pintura y la fotografía,
pero en menos escala. Hoy, en cambio, vivimos en un mundo
de representaciones permanentes: las imágenes de
la publicidad, de los medios de comunicación, las
imágenes televisivas, las de internet. Estamos inmersos
en un universo de la simulación. Por eso, más
que hablar de postmodernidad, Baudrillard habla de la hiperrealidad
moderna: telefonía movil, TV por cable, expansión
del tráfico aéreo. Podríamos hablar
de las carreteras de la comunicación. Estamos conectados
e interconectados, pero hemos perdido la insularidad. Las
exigencias del mercado nos han llevado a ser competitivos
y el desafío es el desarrollo económico. En
cambio, la significación de la política ha
perdido importancia.
En las relaciones sociales predomina la desconfianza y
la irritación; por eso la familia se repliega en
sí misma y en la televisión porque el espacio
público es inseguro. El 67% de los chilenos y chilenas
se confiesa inseguro e irritado.
A todo esto agreguemos el débil espesor cultural
que nos caracteriza y la escasa atención a las expresiones
culturales: el 32% no recuerda cuando fue la última
vez que fue al cine; el 25% dice que fue hace más
de un año; el 60,3% de los santiaguinos no ha leído
ningún libro en el último año; en los
estratos más modestos, el 41% no tiene ningún
libro.
Para muchos de ellos, el rumbo que ha tomado su vida es
el resultado de las circunstancias que les ha tocado vivir
y no por decisiones personales, lo que se traduce, en la
mayoría de las casos, es el acceso desigual a los
bienes, símbolos, vínculos y valores que la
sociedad elabora.
El problema se inicia por la desigual distribución
del ingreso que desemboca en la desigual autorrealización,
acompañada de una baja autoestima.
Así entonces, resulta difícil establecer
imaginarios colectivos por medio de los cuales los chilenos
nos reconozcamos como integrantes de una misma comunidad.
Ese imaginario se desdibuja. El 58% (3.600 encuestados)
afirma que es difícil decir que es lo chileno o,
simplemente, que ya no se puede hablar de lo chileno. Lo
que está claro es el déficit cultural para
construir un nexo identitario que genere sentido de pertenencia.
La pregunta es ¿cómo delinear un mundo común
basado en la diversidad?
La respuesta que se me ocurre es ser capaces de compartir
un mínimo de ideas y de valores comunes.
Frente a este complejo cuadro de la vida cotidiana, el
arte no ha dejado de estar alerta. Ha abandonado, en gran
parte, su carácter autorreferencial, es decir, referido
a sí mismo, para asumir un trabajo de reflexión
cultural sobre la naturaleza de los códigos de sociabilidad,
identidad y habitabilidad.
Y no actúa solo. Se ha encontrado con otras disciplinas
como la lingüística, los estudios literarios,
la antropología. El tema favorito del arte actual
es el análisis de los espacios de la vida que, al
mismo tiempo, reacciona frente los efectos de desterritorialización
y globalización del capitalismo hegemónico.
El arte de la educación y la educación
por el arte
Algo pasa con la educación en nuestro país.
Hay más presupuesto, mejor infraestructura escolar,
ampliación de la jornada, reforma educacional, pero
arrecian las críticas: estudiantes mal preparados
y rendimientos insuficientes (puesto 36 entre 46 países
en matemáticas; puesto 39 entre 46 en ciencias).
Tampoco los profesores escapan a las críticas: docencia
rutinaria, metodologías anticuadas, pedagogía
conservadora.
Nadie está contento con nuestra educación.
¿No habría que hacer un completo análisis
crítico de la institucionalidad educacional?
Se traspasó la educación pública a
los municipios ¿Qué evaluación podemos
hacer? A mi juicio, insatisfactoria.
Se cambió la prueba de aptitud académica
por la prueba de selección universitaria (PSU). Resultado
es el mismo. ¡Todos trabajan para la prueba ¡
El éxito del colegio se mide por los puntajes en
la PSU ¡Este es el rating! La educación escolar
como un fin en sí misma no interesa a nadie o –
para no ser excluyentes – a muy pocos.
Me permito afirmar que la PSU es el pecado original de
la enseñanza escolar en nuestro país. Digámoslo
de una vez: padres y apoderados, profesores y estudiantes,
y autoridades lo quieren, en definitiva, es que a los alumnos
y alumnas les vaya bien en la prueba de selección
universitaria. Los establecimientos escolares son evaluados
por su ranking, por su record en puntajes. ¿A quién
le interesa los valores formativos, los principios éticos
de responsabilidad y solidaridad que haya podido proponer
el colegio a sus estudiantes? ¿Cómo contribuye
a estimular nexos identitarios para toda la sociedad?
¿Qué piensan los estudiantes del sistema
escolar en el cual están inmersos y que significa
14 años de su existencia? Nunca he sabido que se
les consulte respecto a programas contenidos y fines de
la educación.
Alguien dirá pero ¡cómo es eso de consultar
con los alumnos! ¡No tienen experiencia! Contestarán
que quieren menos obligaciones, menos responsabilidades,
menos exigencias... No lo creo. Cuando evalúan o
se autoevalúan son mucho más exigente de lo
que se supone.
Creo que es urgente indagar en el modo de vida de los estudiantes?
Ellos son el sujeto de la educación. ¿Qué
lo motiva? ¿En que piensan? ¿Cuáles
son sus sueños? ¿Cómo los está
afectando el entorno en el que viven?
Por eso aludo al arte de la educación, porque el
arte es siempre mirada proyectiva, renovada, subversiva
de los enclaves reaccionarios, de las actividades convencionales
y rutinarias.
Pero también está la educación por
el arte. El área de las artes (música, teatro,
artes visuales, danza ...) nos invita directamente a imaginar,
innovar e inventar.
Se trata de entrenar nuestros sentidos para resignificar
lo real, no sólo lo real-artístico sino que
también nuestro entorno cotidiano, el espacio de
todos los días, los lugares y acciones de nuestra
existencia diaria.
Existe una estética urbana que la educación
por el arte ha desatendido. El tejido urbano (no hablo sólo
de arquitectura) debiera ser fuente prioritaria en las asignaturas
artísticas, que los estudiantes debieran procesar
y evaluar críticamente.
Creo que la estética de lo cotidiano debiera tener
un lugar preferente en la educación por el arte.
Tal vez, desde ella, establecer las relaciones pertinentes
con los contenidos de las asignaturas artísticas.
Quien sabe si así se podrá levantar la mirada.
NOTA:
si Ud., va a citar este artículo le rogamos hacer
referencia a la fuente:
REVISTA EDUCARTE N° 30.
1er semestre 2005. Págs. 31 a 33.